Notas epistemológicas para una aproximación al fenómeno elemental

 

 

EPISTEMOLOGICAL NOTES FOR AN APPROACH TO THE ELEMENTAL PSYCHOTIC PHENOMENA. PHENOMENOLOGICAL PSYCHIATRY AND PSYCHOANALYSIS.

Autor: Jesús Cañal Fuentes

Docta Ignorancia Digital, 2010; ISSN 1989 – 9416. Año I, núm. 1 – Psicoanálisis

KEYWORDS: Psychoanalysis, phenomenological psychiatry, verbal hallucinatory phenomena, I-percipiens, perceptum, Edmund Husserl, Jacques Lacan, psychosis, Erklären, Verstehen, significant, meaning.

ABSTRACT: The author reveals the most important epistemological differences among the psychoanalytical thesis of Jacques Lacan, on his first teachings, and the phenomenological psychiatry when it comes to approaching the elemental psychotic phenomena in general, and in particularly the verbal hallucinatory. For this, the author makes use of the understanding of "The sunset of life", which it is included in the chapter X of the seminar III "The psychosis" of Jacques Lacan, as if verbal hallucinatory phenomena were. The phenomenological psychiatry has faith in the understanding (Verstehen) of the hallucinatory phenomena giving, in turn, preponderance  to the I-percipiens and the meaning. On the contrary, Jacques Lacan incurrs into, the first period of his teaching, in the significant and in the explication (Erklären) as the correct mode of access to said phenomena.

PALABRAS CLAVE: Psicoanálisis, psiquiatría fenomenológica, fenómeno elemental, fenómeno alucinatorio verbal, yo-percipiens, perceptum, Edmund Husserl, Jacques Lacan, psicosis, Erklären, Verstehen, significante, significado.

RESUMEN: El autor muestra las diferencias epistemológicas más importantes entre las tesis psicoanalíticas de Jacques Lacan, en su primera enseñanza, y la psiquiatría fenomenológica a la hora de abordar el fenómeno elemental psicótico en general, y el verbal alucinatorio en particular. Para ello el autor se sirve de la experiencia de "La Paz del Atardecer", que se incluye en el capítulo X del seminario III "Las psicosis" de Jacques Lacan, como si de un fenómeno verbal alucinatorio se tratase. La psiquiatría fenomenológica apuesta por la comprensión (Verstehen) del fenómeno alucinatorio dando, a su vez, preponderancia al yo-percipiens y al significado. Por el contrario Jacques Lacan incide, en la primera etapa de su enseñanza, en el significante y en la explicación (Erklären) como el modo correcto de acceso a dicho fenómeno.


 

Si la psiquiatría moderna tiene su origen en la Alemania de finales del siglo XIX con Kraepelin y Bleuler, quienes contribuyeron con la aportación de términos fundamentales en  psiquiatría clínica (1),  la fenomenología de Edmund Husserl supone un hito, ya a principios del s. XX, en su modo de proceder para la comprensión de los fenómenos mentales, método fenomenológico que sería completado con el análisis existencial de fundamentos heideggerianos. La fenomenología psiquiátrica y el análisis existencial constituirían dos métodos con profunda base filosófica para  la aproximación a la clínica de los fenómenos mentales y, a su vez, dos concepciones clínicas propiamente dichas que ampliaron el campo de conocimiento para la comprensión de la enfermedad mental. Si bien es cierto que la perspectiva biologicista, neurofisiológica o neuroquímica y su derivación farmacológica triunfa en la psiquiatría actual a partir de los años 50, la comprensión fenomenológica continúa constituyendo una perspectiva fundamental en la aproximación al fenómeno psíquico.

La aparición de la Psicopatología General de Karl Jaspers (2) en 1913 introduce las corrientes filosóficas fenomenológica y existencial en la psiquiatría. Desde entonces la misión de la psiquiatría fenomenológica sería la descripción y compresión de las vivencias del sujeto, entendidas éstas como las significaciones de los actos psíquicos en la consciencia del sujeto, vivencias que el psiquiatra apuntaría bajo un método objetivo de acercamiento al fenómeno psíquico más allá de la subjetividad del observador para su comprensión depurada y la comprensión del trastorno psíquico.

La fenomenología psiquiátrica es desarrollada principalmente por Eugene Minkovski (3) introduciendo la diferenciación de la fenomenología descriptiva, la genético-estructural y la fenomenología categorial. No vamos a detenernos en su explicación pues lo que debe quedar claro es que a través de la fenomenología psiquiátrica es posible la reconstrucción del mundo interior experiencial del sujeto de la forma más neutra o más objetiva para el observador. El análisis existencial de fuentes heideggerianas introduciría nuevos aspectos comprensivos del fenómeno psíquico que influirían en la visión fenomenológica. Debemos a Binswanger dicha perspectiva existencial del análisis que desembocaría en la psicoterapia existencialista (4).

Bueno es describir el antecedente de la psiquiatría fenomenológica en la filosofía de Edmund Husserl. Recordemos que la pretensión del primer Husserl o el Husserl de Las Investigaciones Lógicas (5), era fundar la filosofía como ciencia estricta, fin último que fue célebre a través de un lema: ¡a las cosas mismas! Mediante este imperativo Husserl se distanció de la teoría representacional kantiana que, hasta entonces, constituía el puente más sólido entre el sujeto y el objeto. Para demoler los extremos de este cordel cognoscitivo Husserl diferencia –que no contrapone- la cosa misma de la cosa en sí kantiana (6). El noúmeno kantiano no podía ser objeto de conocimiento por cuanto estaba excluido de las formas a priori de intuición. Ahora Husserl define "la cosa misma" como el objeto vivenciado, es decir, el objeto en tanto puro acto de conciencia. De la misma forma, el fenómeno es lo que se muestra en sí mismo, es decir, intencionalmente, a la conciencia; frente al fenómeno kantiano que constituye un objeto de una intuición empírica. Vemos, pues, que las cosas que forman parte de la investigación fenomenológica son los objetos en tanto vivencias, a diferencia de los meros hechos empíricos. Husserl no estudia el objeto del mundo exterior sino su vivencia correspondiente. Dicho de otra forma: el análisis fenomenológico no describe los objetos,  sino la vivencia intencional del objeto en la medida en que es referida a la conciencia. Por su parte el yo fenomenológicamente reducido es la unidad sintética propia de las vivencias que lo componen.

Podemos decir, aun resumiendo excesivamente, que la verdad para Husserl es el modo correcto de acceso al objeto. Para ello distingue mención e intuición como dos modos de dirigirse a un mismo objeto. La fuente primera de la legitimidad del conocimiento es la percepción o intuición originaria donde el objeto se presenta como vivencia, como –paradójicamente- la cosa misma, que en realidad pierde su estatuto primigenio. A la intuición contrapone la mención, que está del lado de la significación, de la idea, de las "meras palabras". Si la mención se limita a mentar el objeto, la intuición ofrece el objeto íntegramente. Así pues, la verdad consistiría en la plena concordancia entre lo dado y lo mentado. Esa plena adecuación, también llamada evidencia, constituye el acto vivido como verdad gracias a la complementariedad entre intuición y mención. Por tanto, lo decisivo del conocimiento es que percepción y significación están fundidos dando prioridad a la primera sobre la segunda.

En la pretendida reducción fenomenológica posterior de Husserl, y por consiguiente en la aparición de la estructura noético-noemática de la realidad, es el ego, el significado o el sentido quien reduce la realidad a la condición de fenómeno, por cuanto en la explicación del fenómeno prepondera  el yo-percipiens como unidad de síntesis. La intencionalidad de la conciencia –léase el mero dirigirse al objeto-  forma parte de la estructura de la intentio o de la nóesis, según la terminología del segundo Husserl (7). Por ello, siguiendo al fenomenólogo, no se trata de que la conciencia como intentio sea un acto mío y que, posteriormente, se establezca una relación con algo que no es ella misma. La intencionalidad, insistimos en la paradoja, funda la posibilidad de toda manifestación objetiva del objeto intencional tal como este es en sí mismo.

Si tomamos el capítulo sobre expresión y significado de Las Investigaciones Lógicas, comprobamos que Husserl defiende el ámbito de la conciencia contra la comunicación lingüística. Sitúa el significado del lado de las esencias ideales para diferenciarlas de la expresión lingüística, no obstante necesaria para captar el significado. Husserl distingue entre signo (Zeichen), que expresa un significado lingüístico, y la señal (Anzeichen). Las banderas o un nudo en el pañuelo funcionan como señal gracias a una asociación psíquica que produce
una representación no presente. A diferencia de la señal, la expresión lingüística detenta el significado en virtud de una conexión ideal y no por asociación.

Pero la expresión lingüística también se encuentra degradada a no ser que aparezca en la "vida solitaria del alma". Si es así, surge la expresión con carácter puro, como esencia intelectual, como significado. De cualquier forma, debemos insistir en que los significados han de adoptar la función de signos para pasar a la esfera externa del habla. Entonces, los signos adoptan la función de señales externas de los actos que el hablante ejecuta desde el interior. Para Husserl lo originario es la subjetividad de los actos donadores de sentido. Pero si las expresiones lingüísticas sólo se vehiculizan a señales en el habla, entonces las expresiones en su carácter puro de significado han de pertenecer a "la vida solitaria del alma". De todo lo anterior podemos concluir que en Husserl, y por tanto en la psiquiatría fenomenológica posterior, el significante como señal queda devaluado frente a una concepción platónica del significado de la expresión lingüística. La tesis fenomenológica es: una cosa es en su experiencia originaria lo mismo que la expresión lingüística mienta como significado.

A partir de aquí podemos introducir dos afirmaciones que cimentan la explicación del fenómeno verbal alucinatorio desde la psiquiatría fenomenológica:

1º Que el fenómeno perceptivo o perceptum sólo es concebido intencionalmente, es decir, en relación a la conciencia que supuestamente lo objetiva.

2º Que esa conciencia o yo-percipiens es unitaria y da sentido al perceptum con la consiguiente preponderancia del significado sobre el significante.

Lo más interesante, a mi modo de ver, es que definir el fenómeno en tanto referido a la síntesis del yo-percipiens lleva necesariamente, por el concepto de verdad fenomenológico -adecuación entre lo dado y lo mentado-, a la primacía del significado sobre el significante. A continuación veremos las consecuencias.

Como ya anticipamos Jacques Lacan critica la aproximación de la psiquiatría al fenómeno elemental psicótico. En su texto "De una Cuestión Preliminar para todo Tratamiento posible para la Psicosis"(8).

Lacan rechaza la supuesta unidad del percipiens y denuncia la explicación del perceptum a través de aquél por medio de un sensorium particular subordinado. Igualmente Lacan se muestra reacio ante una concepción psiquiátrica puramente mecanicista, dinamista u organicista de la materia; pues a la hora de explicar el fenómeno alucinatorio en general, y verbal en particular, éste queda reducido a la unidad ego-percipiens, que debe dar razón de ese perceptum sin objeto:

"Nos atrevemos efectivamente a meter en el mismo saco, si puede decirse, todas las posiciones, sean mecanicistas o dinamistas de la materia, sea en ella la génesis del organismo o del psiquismo, y la estructura de la desintegración o del conflicto, sí, todas, por ingeniosas que se muestren, por cuanto en nombre

del hecho, manifiesto, de que una alucinación es un perceptum sin objeto, esas posiciones se atienen a pedir razón al percipiens de ese perceptum, sin que a nadie se le ocurra que en esa pesquisa se salta un tiempo, el de interrogarse sobre si el perceptum mismo deja un sentido unívoco al percipiens aquí conminado a explicarlo. Este tiempo debería parecer sin embargo legítimo a todo examen no prevenido de la alucinación verbal, por el hecho de que no es reductible, como vamos a verlo, ni a un sensorium particular ni sobre todo a un percipiens en cuanto le daría su unidad" (9).

En efecto, tenemos una explicación  del fenómeno desde la psiquiatría fenomenológica que en absoluto se aleja de las dos conclusiones fenomenológicas a las que arribábamos tras nuestro breve recorrido. Más allá del fenómeno alucinatorio, ¿no podemos decir lo mismo de la psicología y los postfreudianos en lo que a la unidad del ego se refiere?:

"Freud aportó más tarde la Introducción al narcisismo. Ha sido utilizada para el mismo uso, para un bombeo, aspirante e impelente al capricho de los tiempos del teorema, de la libido por el percipiens, el cual es apto así para inflar y desinflar una realidad vejiga. Freud daba la primera
teoría del modo según el cual el yo se constituye a partir del otro en la nueva economía subjetiva, determinada por el inconsciente: se respondía a esto aclamando en ese yo el reencuentro del buen y viejo percipiens a toda prueba y de la función de síntesis" (10).

Y bien, llegado a este punto, es conveniente aclarar que ni el sujeto, ni el objeto, ni siquiera el ego en su concepción tradicional ofrece parangón con las tesis lacanianas. Así, el sujeto, según Lacan, es un sujeto barrado; el objeto como tal es objeto "a" causa del deseo –todavía no teorizado en esta época-; y el ego no es unitario ni sintético, sino que es otro. No obstante, si tomamos el esquema de Las Investigaciones Lógicas yo-fenómeno de la cosa (vivencia), el esquema del segundo Husserl nóesis-nóema, o el esquema más clásico de la teoría del conocimiento sujeto-objeto, podemos señalar que, entre los dos elementos que componen cada una de las estructuras cognoscitivas, Lacan introduce la presencia del significante en lo real. Una presencia en lo real que producirá una concepción subversiva del sujeto fundido en la estructura del lenguaje. Esa presencia del significante en lo real la vamos a incorporar de una forma particular a través de su concepción del fenómeno alucinatorio verbal. Para ello insertaremos un ejemplo que Lacan utiliza en el Seminario III, Las Psicosis (11): "la paz del atardecer". Nosotros utilizaremos esta "paz  del atardecer" de un modo particular. Partiremos del supuesto hipotético de que dicha "paz del atardecer" constituyera una alucinación verbal:

"Están en el declinar de una jornada de tormenta y fatiga, contemplan la sobre que comienza a invadir lo que los rodea, y algo les viene a la mente, que se encarna en la formulación la paz del atardecer". (12)

Lo importante en esta primera experiencia es que somos nosotros quienes hemos llamado a esa paz del atardecer. Es decir, en este fenómeno concreto –dice Lacan- hay a la vez una presencia y una selección en el conjunto total del resto de los fenómenos que nos rodean. Por otra parte, el no materializar ese fenómeno verbalmente, no llamarlo, no seleccionarlo, constituiría una mera aprehensión fenoménica del declinar del día indistinguible de otros registros provocados o no por aquél: un sentimiento de pánico, la búsqueda por ejemplo en el comportamiento de un gato ante un espectro, o la angustia atribuida a los primitivos ante el temor de que el sol no vuelva. Pero lo esencial es que, según Lacan, esta forma clásica de explicar "la paz del atardecer", y que constituiría esa primera experiencia,  en relación con su formulación verbal es abordada de forma incorrecta:

"Ven, ¿no es cierto?, que esto deja intacta la cuestión de saber qué relación mantiene con su formulación verbal ese orden de ser, que realmente tiene su existencia, equivalente a toda suerte de otras existencias en nuestra vivencia, y que se llama la paz del atardecer". (13)

La psiquiatría fenomenológica, en particular, va a explicar la alucinación como una desintegración o  restructuración del yo-síntesis; y la psiquiatría, en general, lo  concebirá como un conflicto mecánico, dinámico u orgánico de la materia o neuroquímico cerebral. Esta es la única explicación posible que puede adoptar la psiquiatría desde la perspectiva fenomenológica debido a la primacía que adquiere el percipiens, el yo, y por ende el significado, pese reafirmarse en una aparente estructura noético-noemática no jerárquica e inseparable. Se comprende ahora por qué la alucinación, desde este punto de vista, es un perceptum sin objeto fruto de un conflicto yoico.

En efecto, no podemos resolver la relación entre el fenómeno y su correspondiente formulación verbal, a la hora de explicar el fenómeno alucinatorio, si somos nosotros quienes seleccionamos ese fenómeno particular, si, como señalamos en esa primera experiencia, preparamos nosotros esa formulación antes de aplicarla, si –en definitiva- somos nosotros quienes llamamos a esa "paz del atardecer". Esta primera experiencia alude, a mi modo de ver, al concepto de verdad fenomenológico donde lo dado como fenómeno quedaría sujeto a la primacía del significado –lo mentado- seleccionadora de "la paz del atardecer" frente al resto de los fenómenos.

Por el contrario, Lacan privilegia, en el modo de acceso al problema, una segunda experiencia. Frente a esa formulación antes de aplicarla, frente a esa selección –que sitúo como sinónimo de significado-, frente a esa llamada al fenómeno; Lacan propone –en la relación fenómeno-formulación verbal- una irrupción del fenómeno o del perceptum en su particularidad significante, una presencia del significante en lo real o, en el caso de la alucinación verbal, un retorno del significante en lo real que se impone en su dimensión de voz:

"Dado que el sensorium es indiferente en la producción de una cadena significante: 1.- esta se impone por sí misma en su dimensión de voz,  2.- toma como tal una realidad proporcional al tiempo, perfectamente observable en la experiencia, que implica su atribución que, por regla, es distributiva, es decir
son varias voces, y que pone pues, como tal, al percipiens, pretendidamente unificador, como equívoco". (14)

Recapitulemos. Tenemos una primera experiencia donde "la paz del atardecer" era llamada, preparada como fórmula antes de ser aplicada. Esta selección concreta sobre el resto de los fenómenos podemos incluirla –a la hora de explicar el problema de la relación entre el fenómeno y su formulación verbal- dentro de la tradición fenomenológica. Anunciábamos en párrafos anteriores que esta tradición concibe el perceptum en tanto referido a la conciencia o a la supuesta síntesis del yo-percipiens. Por tanto, deducimos de lo anterior y gracias al concepto de verdad fenomenológica –noción clave a mi modo de ver- inferimos que, si lo dado es un perceptum específico referido a la conciencia, y ésta como "vida solitaria del alma" detenta su correspondiente significado ideal, el correlato verbal del fenómeno es el significado seleccionador –en último extremo- de ese fenómeno sobre el resto de los registros. Creo que esto es lo que ocurre en esa primera experiencia que Lacan rechaza:

"Partiendo de trabajos de gran rigor en la elaboración del significante, la fenomenología supuestamente psicológica, cae en el dominio de la significación. Esa es su confusión fundamental. Es llevada a ese terreno como una perra es llegada tras una pista, y lo mismo que la perra, nunca la llevará a ningún resultado científico". (15)

Asimismo podría afirmarse que es esta tradición de síntesis del viejo percipiens, y esta primacía del sentido sobre el significante, lo que lleva a la psiquiatría a acoger al Verstehen y no el Erklären en el fenómeno elemental psicótico, términos últimos a los que alude Lacan de la siguiente forma:

"Conocen la pretendida oposición entre Erklären y Verstehen. Debemos mantener que sólo hay estructura científica donde hay Erklären. El Verstehen es la puerta abierta a todas las confusiones. El Erklären para nada implica significación mecánica, ni cosa alguna de ese orden. La naturaleza del Erklären, es el recurso al significante como único fundamento de toda estructura científica concebible". (16)

Por consiguiente, Lacan introduce el significante fracturando la estructura noético-noemática y denunciando un percipiens integrador sobre el perceptum. Recordemos que en el caso de la alucinación verbal "la paz del atardecer" se impondría en su dimensión de voz como presencia y retorno del significante en lo real. Aclaremos también que en esta época del Seminario III el significante ocupa exclusivamente su explicación de las psicosis más acá de elaboraciones ulteriores que formulará años más adelante. De otro lado, el rechazo del significante y de la eficacia explicativa, es preconizado por la psiquiatría fenomenológica en su camino "comprensivo" del fenómeno. En este sentido Lacan se burla de quienes dicen hablar al enfermo en su lenguaje, amén de comprenderlo. De igual forma incluiría Lacan en esta primera experiencia –que podríamos calificar de Verstehen- los trabajos que pretenden dar cuenta de si una palabra es oída o no, si es una percepción, una sensación o una interpretación:
"Quedarnos en una relación elemental con la realidad confiando en una teoría del conocimiento manifiestamente incompleta, perdemos su valor. Frente a una teoría que se escalona a partir de la sensación, pasando por la percepción, para llegar a la causalidad y la organización de lo real, la filosofía por cierto, desde hace algún tiempo, por lo menos desde Kant, intenta advertirnos a gritos que hay diferentes campos de la realidad, y que los problemas se expresan, se organizan y se plantean en registros igualmente diferentes. Por consiguiente, intentar saber si una palabra es oída o no, quizá no es lo más interesante". (17)

Hemos puesto de relieve que en el caso de la alucinación verbal, ésta era inexplicable a través de un percipiens unitario o de su sensorium subrogado, modos estos de acceso al fenómeno desde la psiquiatría de corte fenomenológica. Por el contrario, desde una perspectiva psicoanalítica lacaniana, el fenómeno verbal alucinatorio súbitamente caía sobre el sujeto, imponiéndose en su dimensión de voz en esa franja entre el fenómeno y el discurso. Si tomamos como referencia la alucinación verbal "marrana", que Lacan utiliza en el Seminario III, ese significante en lo real también se impone en su dimensión de voz sorprendiendo al sujeto. Al respecto, "la paz del atardecer" fue utilizada como alucinación verbal para detenernos en el aspecto significante que resulta crucial para Lacan en este momento de su primera enseñanza. Asimismo, y para finalizar, decir que esta diferencia de ese fenómeno sin objeto propio de la psicosis es forzada por su situación particular en la estructura de la palabra implícita en el perceptum. En el caso de la Grundsprache schreberiana esos significantes en lo real corresponden a fenómenos de código, al decir de Lacan en De una cuestión preliminar..., significantes caracterizados por su pureza, su fijeza en cuanto a la significación. Son, entonces, significantes cuyas significaciones no remiten a otras, lo que imposibilita la aparición de la red discursiva. Esta pureza del significante y su remisión impedida es provocada por la ausencia de ese significante primordial, sin duda necesario para la instauración del punto de almohadillado, esencial en la experiencia analítica y discursiva: la llamada de Un-padre, colocado en posición tercera en la relación imaginaria a-----a´, dirigida al Nombre del Padre en el lugar del Otro, donde nunca llegó a estar, desencadena la psicosis iniciándose los retoques del significante y el estallido de lo imaginario. (18).

 

Jesús Cañal Fuentes
Psicoanalista
Miembro  de la International Federation
of Psychoanalytic Societies

 


 

Notas

(1) Véase el concepto de demencia precoz, en el caso de Kraepelin, sustituido por el concepto de esquizofrenia creado por Bleuler; y el  concepto de autismo introducido igualmente por Bleuler.

(2) JASPERS, Karl. Psicopatología General. Fondo de Cultura Económica. Isbn: 968-16-3765-8.

(3) Podemos considerar, sin temor a equivocarnos, que Eugene Minkovski es el fundador de la fenomenología psiquiátrica, junto a su colega y amigo Binswanger. Su origen puede fecharse el 25 de noviembre de 1922, en la  63ª Jornada de la Sociedad Suiza de Psiquiatría celebrado en Zurich, donde Eugene Minkovski presenta "Un caso de melancolía esquizofrénica" a la vez que Binswanger aporta un informe sobre la fenomenología. En Francia Lacan reconoció a Minkovski como el introductor de la noción de estructura en la psiquiatría francesa y Henri Ey lo llamaba "su hermano mayor".

(4) La Psicoterapia Existencial es un enfoque terapéutico que fundamenta su aproximación al ser humano en la Filosofía Existencial. Consiste en una profundización en la visión del terapeuta hacia los temas existenciales dentro de una relación intersubjetiva. Es un enfoque filosófico y psicoterapéutico que mira los problemas del cliente o paciente como la consecuencia de las dificultades encontradas por el hecho de vivir, en vez de como indicadores de una enfermedad o salud mental. La Terapia Existencial considera a la persona como fundamentalmente en relación con los diferentes factores de la existencia. La terapia existencial acentúa la importancia de la filosofía como marco conceptual y epistemológico de la psicoterapia.

(5) HUSSERL, Edmund. Las Investigaciones Lógicas. Alianza Editorial. Isbn: 8420681911.

(6) KANT, Inmanuel. Crítica de la Razón Pura. Taurus Ediciones. Isbn: 978-84-306-0594-1.

(7) HUSSERL, Edmund. Ideas Relativas a una Fenomenología Pura y una Filosofía Fenomenológica. Fondo de Cultura Económica. Isbn: 9703226663. HUSSERL, Edmund. Meditaciones Cartesianas. Fondo de Cultura Económica. Isbn: 9788437502564.

(8) LACAN, Jacques. De una Cuestión Preliminar para todo Tratamiento posible para la Psicosis. Escritos, tomo 2. Siglo XXI Editores. Isbn: 968-23-1271.

(9) Ibid., pag. 514.

(10) Ibid. pag. 524.

(11) LACAN, Jacques. Seminario III: Las Psicosis (1955-56). Ed. Paidos. 6ª reimpresión, 1992.

(12)  Ibid. pag. 198-199.

(13)  Ibid. pag. 199.

(14) LACAN, Jacques. De una cuestión preliminar... op. cit. pag. 515.

(15) LACAN, Jacques. Seminario III, op. cit., pag. 273.

(16)  Idem.

(17) LACAN, Jacques. Seminario III Las psicosis, op. cit., pag. 273.

(18) Tesis clave para entender la psicosis en esta época de la enseñanza de Lacan:
la ausencia del significante primordial –el Nombre del Padre- en el lugar del Otro. Más tarde, en torno a la psicosis y la neurosis, tomaría cuerpo en Lacan  la clínica de la suplencia y de la continuidad en torno al cuarto nudo. Entonces el Nombre del Padre sería un sinthome más con el que el sujeto "soluciona" su estar en el mundo en tanto que sexuado.