Génesis y desarrollo de la novela policíaca como género literario (II)

Autor: D. Mario Navas Ruiz

 

Docta Ignorancia Digital, 2011; ISSN 1989 – 9416. Año II, núm. 2 – Estudios Culturales

PALABRAS CLAVE: James Moriarty, Ladrón de guante blanco, Ernest William Hornung, Raffles, Maurice Leblanc, Arsène Lupin, Patricia Highsmith, Tom Ripley.

KEY WORDS: James Moriarty, nonviolent thieve, Ernest William Hornung, Raffles, Maurice Leblanc, Arsène Lupin, Patricia Highsmith, Tom Ripley.

RESUMEN: El autor analiza “lo criminal” en la novela policíaca y su elevación a la categoría de protagonista de la trama. Si en su nacimiento la novela policíaca del  Siglo XIX  se centraba en la figura del detective, en los albores del Siglo XX el interés  se centra en la figura del criminal no sólo como antagonista del detective sino como protagonista absoluto y eje alrededor del cual se desarrolla la acción de la novela y, al mismo tiempo, objeto de un profundo y minucioso análisis psicológico.

ABSTRACT: The author analyzes “the criminal” of a detective novel and its elevation to the rank of the plot’s protagonist.  If in its origins the detective novel of the XIX Century focused on the figure of the detective, at the dawn of the XX Century the interest focuses on the figure of the criminal not only as the antagonist of the detective, but as the absolute protagonist and the focal point around in which the action unfolds in the novel and, at the same time, object of a deep and profound psychological analysis.

 




El análisis de “lo criminal” no se agota en la figura del detective cuya personalidad definió espléndidamente Conan Doyle con la creación del personaje de Sherlock Holmes y su inseparable Dr. Watson, compañero-biógrafo, sino que profundiza en la figura del criminal y de sus actividades delictivas. El genial creador de Sherlock Holmes concibió la figura del criminal como el antagonista del detective, encarnación del mal y referencia constante en las aventuras, intrigas y avatares del detective. Conan Doyle dio vida al personaje del profesor James Moriarty, matemático que goza de una gran reputación social y que, sin embargo, dirige en la sombra un complejo sindicato internacional del crimen dedicado al robo, el asesinato, la extorsión, el chantaje y a todas las maldades que podían imaginarse en la Inglaterra victoriana. El Moriarty de Conan Doyle no es más que el archienemigo de Sherlock Holmes al que éste no duda en calificar en más de una ocasión como “La mayor mente criminal de Europa “o “ El Napoleón del Crimen”.  

Sin embargo, la figura del criminal se convertirá en protagonista de la novela policíaca de la mano de  Ernest William Hornung (1886-1921). Autor inglés que inició sus andanzas literarias en la revista mensual The Strand Magazine publicando anécdotas e historias de la vida en Australia donde vivió algunos años de su juventud. Escribió distintas novelas policíacas, Dead Men tell no Tales (1899) y The Shadow of the Rope (1902) y una serie de  cuentos titulada The Crime Doctor (1914). Sin embargo, su mayor éxito y la razón de que su fama haya perdurado hasta nuestros días radica en la creación de su personaje Raffles, ladrón de guante blanco que se convierte en el protagonista de la trama erigiéndose en el héroe de la novela policíaca. Siguiendo el binomio detective-colaborador, Hornung concibió la figura de Bunny Manders, compañero de universidad de nuestro héroe y que acompaña a Raffles en sus andanzas y correrías, encargándose también de narrar sus aventuras con las dosis necesarias de candidez e ingenuidad para que destaquen las virtudes del protagonista.  Raffles responde a la figura del perfecto caballero, vive en un lujoso bloque de apartamentos cerca de Picadilly Circus, frecuenta los ambientes elegantes y selectos de la época y es un excelente jugador de críquet, conciliando la vida diurna de caballero con la nocturna de ladrón.  El personaje de Raffles encarna la trasgresión de una de las mayores creaciones de la sociedad occidental, el concepto de propiedad privada. En el fondo el autor ha querido destacar lo que hay de romántico en transgredir las reglas de una sociedad, en este caso la victoriana, encorsetada por valores que, a finales del siglo XIX estaban sufriendo una profunda transformación.

Las similitudes entre los personajes de Holmes-Watson y Raffles-Bunny no responden a una coincidencia accidental, sino que, por el contrario revelan un intento consciente de su autor de llevar la contraria a Conan Doyle, con cuya hermana Constance se casó Hornung en 1893. Conan Doyle y su cuñado tenían temperamentos distintos y antagónicos. Jaime Rest   en un magnífico artículo comentando la obra “Siete Aventuras de Raffles”, nos describe el carácter de ambos:

Arthur Conan Doyle era un honesto victoriano, plenamente respetuoso de las normas de urbanidad tradicionales y muy estricto en su comportamiento público y privado. Su cuñado, en cambio, era un típico representante de lo que se ha llamado los “naughty nineties”, la década en que la moda impuso el tono de corrosiva agudeza difundido por las comedias de Oscar Wilde, juntamente con el culto del "arte por el arte" y el pregón de veleidades nebulosamente socialistas.

En cuanto a sus métodos de trabajo los de Raffles son muy parecidos a los de  Holmes. Se retira a su apartamento a meditar durante días sin hablar con nadie y reaparece con su plan diseñado hasta el mínimo detalle. Recopila una asombrosa cantidad de datos aparentemente inútiles pero que resultan claves para su "actividad" de manera que en la preparación de sus golpes apreciamos el gusto por el detalle y un pormenorizado estudio de la víctima y sus costumbres. Si en el caso de Holmes Conan Doyle nos proporciona información sobre  venenos, formas de huellas, tipos de tabaco etc..., datos que resultan importantes para la solución del enigma, en el caso de Raffles asistimos a la preparación minuciosa del “escenario del crimen“ con la recopilación de datos sobre la víctima y sus costumbres.

Los relatos de Hornung son ajustadas sátiras de los modos y la moral del último tramo de la era victoriana. Harold Bloom   señala que "cuando leemos estas historias gozamos el regusto de lo ilícito y el secreto deseo de mantener la respetabilidad, lo cual convierte a Raffles en el último héroe victoriano y el primer antihéroe moderno: empresario, caballero y ladrón”.

Como en el caso del personaje de Sherlock Holmes la figura de Raffles ha suscitado un enorme interés para la gran pantalla. En 1917 en pleno auge cine mudo el personaje de Raffles es encarnado magistralmente por John Barrymore en el largometraje  “The amateur Crackman“. Sin embargo fue David Niven quien en 1940 mejor encarnó el papel de dandy inglés, pulcro e irónico en la película “Caballero y Ladrón”. También Hitchcock sucumbió al embrujo romántico del personaje de Raffles en su película “Atrapa a un Ladrón” donde Cary Grant encarna a John Robie (alias “el gato”)  un ex ladrón profesional de joyas y antiguo combatiente en la resistencia francesa que vive retirado en la Riviera Francesa. Hombre culto, refinado y amante de los placeres mundanos se verá acosado por la policía cuando se vuelven a producir una serie de robos que llevan su sello personal.

El éxito del personaje de Raffles fue tal que sus ecos llegaron a  Francia, donde el autor francés Maurice Leblanc (1864-1941) siguiendo la estela del éxito cosechado por Hornung recogió el testigo y creó el personaje de Arsène Lupin, arquetipo del ladrón de guante blanco.

Nuestro autor nació en Ruán el 11 de noviembre de 1864 en una familia burguesa. Su padre era constructor naviero y quería que su hijo siguiera sus pasos y heredera el negocio familiar. Sin embargo la vida de Leblanc se desarrollará por caminos distintos al de los negocios. Tras su educación en colegios de Francia, Alemania e Italia se dedicó al periodismo de sucesos y comenzó su carrera literaria con la creación de novelas y cuentos bajo la influencia de Maupassant y Flaubert. Sin embargo su fama mundial se debe a la creación del personaje de Arsène Lupin, caballero ladrón cuyas aventuras comenzaron a publicarse en 1905 en la revista literaria “Je Sais Tout “, y  que dos años más tarde se editarían en forma de libro. Así nacía un arquetipo literario solo comparable a Sherlock Holmes, cuyas aventuras se relatan en una veintena de títulos y que no tardarían en traspasar la frontera de la narrativa para ser representadas en teatro, reflejadas en cómics y llevadas a la gran pantalla. En el cine la primera película es de 1932 dirigida por Jack Conway y protagonizada por los hermanos Barrymore y la última de 2004 dirigida por Jean-Paul Salomé y protagonizada por Romain Duris y Kristin Scott Thomas.

Frustrado por no haber podido ser "el novelista de la vida delicada de las almas", Leblanc se encontró con la paradoja de verse convertido de la noche a la mañana en un escritor popular y comercial, autor, para mayor ironía, del género policíaco y de aventuras tan poco apreciado por la crítica de la época.

Maurice Leblanc inventó la expresión “gentleman cambrioleur”  para describir a Lupin, que se ha traducido al español como "ladrón de guante blanco". La frase hace referencia al nuevo tipo de delitos que se practicaban a principios del siglo XX, en pleno auge de la burguesía, como el robo en casas desocupadas repletas de riquezas o el uso de cheques falsos.

 Lupin al igual Raffles desarrolla su vida al otro lado de la legalidad, inmerso en el mundo criminal, sin embargo está desprovisto de ese “aire inglés” que envuelve al personaje de Hornung. Leblanc circunda de misterio a su personaje convirtiéndolo en una auténtico mito de lo criminal incluso entre los criminales, así lo describe el autor en su divertida novela de 1908 “Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes”  : Nadie conoce el verdadero aspecto del famoso ladrón Arsenio Lupin, nadie lo puede describir pues tiene mil caras y disfraces, puede ser esa persona sentada a nuestro lado, haciendo cola delante de nosotros, aquella con la que nos cruzamos por la escalera, pero es el ladrón más galante y sibarita de toda Francia, que se mueve entre la gente elegante como pez en el agua.

Lupin es, por otra parte, un hombre elegante y seductor, muy apreciado por las mujeres; posee además una ironía sin igual con respecto a sus rivales o los miembros del departamento de policía, sin olvidar su lado más juguetón e infantil. Lupin se dedica como un moderno Robin Hood a desvalijar a los ricos sin el menor escrúpulo. Bromista y fanfarrón, es un mago del disfraz, de los efectos teatrales y del peligro.

El estilo narrativo de Maurice Leblanc responde a la tradición de la novela policíaca clásica. El autor presenta a su personaje y sus aventuras en relatos cortos, que mantienen al lector atrapado en su sillón hasta el final, ávido de conocer el desenlace de la trama. Su estilo ofrece una lectura amena tras la que se esconde una sólida planificación en la trama policíaca y una extraordinaria precisión en el arte del “ilusionismo” narrativo. Maurice Leblanc procura entronar a su ladrón a la categoría de mito gracias a la pormenorizada orquestación de sus espectaculares golpes, el entramado de los cuales se nos irán mostrando en el transcurso del relato.

La culminación de este proceso tiene lugar en el siglo XX con la aparición del personaje de Tom Ripley, creado por la escritora estadounidense Patricia Highsmith (1921-1999). Si Hornung y Leblanc perfilaron la figura del antihéroe de novela policíaca como un ladrón de guante blanco, perfecto caballero y amante de los placeres mundanos, será Patricia Highsmith quien dará el salto cualitativo presentándonos a Tom Ripley como un estafador que se asoma al abismo del asesinato cuando no le queda más remedio para seguir manteniendo su estatus social y la tranquilidad de su vida cotidiana, tan vulgar y aburrida como la de cualquier burgués de su época. Lo que destaca en Highsmith es la gran profundidad psicológica del personaje cuya vida literaria se desarrollará en cinco novelas “El talento de Mr. Ripley” (1955); “La máscara de Ripley” (1970); ”El juego de Ripley” (1974), “Tras los pasos de Ripley” (1980) y “Ripley en peligro” (1991).

Tom Ripley es un joven neurótico, bisexual y de dudosa moralidad, que por casualidad acaba en Italia tras aceptar el encargo de un rico empresario de buscar a su alocado hijo Dickie Greenleaf, que se dedica a despilfarrar el dinero de su padre viviendo una vida de artista bohemio. Ripley, al encontrar a Greenleaf y sentirse rechazado por él (en todos los aspectos), decide asesinarle y suplantarle aprovechando el parecido físico entre ambos.

A lo largo de las cinco novelas la autora aborda el origen y motivaciones de la psicopatía, en la medida en que Ripley, un estafador convencional, se convierte en un asesino, usurpador y violento psicópata, que actúa bajo la ira y el resentimiento. Es un tipo que mira lo que le rodea y llega a la conclusión de que él también se merece vivir bien, cueste lo que cueste. Así piensa Ripley, y actúa para no ser una víctima, sino otro privilegiado que  pretende vivir cómodamente sin preocuparse del dinero que necesita para cubrir sus necesidades básicas. Si tiene que matar mata, pero carece de remordimientos puesto que concibe el crimen como un medio para alcanzar un fin, que en este caso es la vida cómoda, opulenta y despreocupada del que no tiene que pensar en los problemas que genera la escasez de dinero. Una vez conseguida la total suplantación de su víctima, la vida de Ripley entra en un círculo de engaños del que resulta prácticamente imposible salir.

En el transcurso de las aventuras de Ripley Patricia Highsmith logra mantener al lector en un suspense sostenido, expectante del destino del personaje y pendiente de que en cualquier momento la policía descubra el peligroso juego de Ripley. En más de una ocasión “nuestro héroe” está a punto de ser descubierto por la policía pero siempre encuentra la rendija por la que escabullirse y eludir el peso de la justicia. La autora hace partícipe al lector de las inquietudes de su personaje y aquel sólo espera que el personaje se sustraiga a la acción de la justicia y sea capaz de salir indemne de todos sus crímenes. Es Ripley un personaje rico en matices y sobre todo un hilo de transmisión de ideas que sirve a su autora para plantearse cuestiones que rebasan el ámbito de una novela policial al uso, tales como el sentimiento de culpa, la temporalidad de las cosas, la corrupción del alma en un mundo descaradamente materialista, la volubilidad de carácter y la facilidad con que se puede manejar a las personas débiles y el sentido de la vida cuando todo está predestinado a la absoluta desaparición. Son éstas reflexiones de un marcado tinte existencialista y que son tratadas en profundidad por autores como Edgar Allan Poe, Joseph Conrad y Fiodor  Dostoievsky, de quien Patricia Highsmith se declaraba una ferviente admiradora y sobre todo de Raskólnikov, el protagonista de “Crimen y Castigo”, paradigma literario del sentimiento de culpa.

El personaje de Ripley y sus aventuras fueron llevados a la gran pantalla poco después de la aparición de la primera novela de la saga. En 1960 se rodó la primera película basada en la primera novela, con el título A pleno sol, dirigida por el francés René Clément y protagonizada por Alain Delon.  En 1977 el alemán Win Wenders dirigió una versión de las aventuras de Ripley titulada El amigo Americano, protagonizada por Dennis Hopper y Bruno Ganz. En fechas más recientes Anthony Minghella ha dirigido una nueva versión  con el título  El talento de Mr. Ripley (1999), en el que el papel de Ripley está interpretado por Matt Damon y el de Dickie Greenleaf por Jude Law. La última versión de las aventuras de Ripley del año 2002, es una coproducción italo-americana que apareció con el título el Juego de Ripley  y está protagonizada por John Malkovich.  


D. Mario Navas Ruiz es abogado en Madrid.