GENESIS AND DEVELOPMENT OF THE CRIME FICTION AS A LITERARY GENERE (I)

  Autor: Mario Navas Ruiz 

 Sherlock Holmes

Docta Ignorancia Digital, 2010; ISSN 1989 – 9416. Año I, núm. 1 – Estudios Culturales

KEYWORDS: Crime fiction, newspaper serial , Edgar Allan Poe, Auguste Dupin, Scientific method, Eugene Francois Vidoq, Monsieur Lecoq, Emile Gaboriau, Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes, Gaston Leroux, Joseph Rouletabille.

ABSTRACT: The author analyzes and argues the existence of the crime fiction as a literary genre in itself. Born under the emergence of the of the daily press of the XIX Century, the crime fiction is pass on through the periodicals in the form of tales which maintain the interest of the reader and which are recompiled into volumes once  their publication is completed. The appearance of amateur detectives, the usage of an agile language closer to the reader and complication of the plot, give this literary genre its Naturalization papers.   

 PALABRAS CLAVE:  Novela policíaca, folletín, Edgar Allan Poe, Auguste Dupin, Método científico, Eugene Francois Vidoq, Monsieur Lecoq, Emile Gaboriau, Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes, Gaston Leroux, Joseph Rouletabille.

 RESUMEN: El autor analiza y reivindica la existencia de la novela policíaca como un género en sí mismo. Nacida al amparo de la eclosión en el Siglo XIX  de la prensa diaria, la novela policíaca se difunde a través de publicaciones periódicas en forma de relatos que mantienen el interés del lector y que se recopilarán en libros una vez concluye su publicación. La aparición del detective amateur, la utilización de un lenguaje ágil, cercano al lector y la complicación de la trama, dotan a este género literario de carta de naturaleza.


 

Hoy en día más de actualidad que nunca, la novela policíaca se ha convertido en una compañera habitual de nuestra vida cotidiana. Atrás quedan los momentos en que, por parte de muchos “intelectuales”, se la denigraba y humillaba confiriéndole el calificativo de subgénero de la literatura. La novela policíaca y “lo policíaco” está  más presente que nunca en nuestra vida diaria. No hay más que ojear la cartelera de televisión de un periódico, estar atentos a los estrenos de cine o bucear en los últimos  estrenos editoriales, para darnos cuenta de que “lo policíaco” y todo lo relacionado con el mundo de la criminalidad nos interesa vivamente.

Aunque hoy día la novela policíaca goza de una extraordinaria salud, no siempre fue así. Durante muchos años por parte de los escritores de la denominada “literatura seria”  se entabló una cruzada ideológica contra este género literario. Si buceamos en el proceloso mundo de Internet podemos encontrar artículos donde se califica a la novela policíaca de subgénero de la literatura, de falta de calidad y técnica literaria, denunciando sus “indignos” comienzos.

 Lejos de pretender explicar la razón de esta marginación con respecto a la “literatura con mayúsculas”, consideramos de mayor interés conocer someramente la génesis y el desarrollo de la novela policíaca desde su nacimiento hasta nuestros días.

 Con la consolidación a principios del siglo XIX de la prensa como “el cuarto poder”, debido al desarrollo tecnológico y al progresivo aumento del número de lectores unido todo ello a la industrialización que creó grandes concentraciones de población urbana, el periódico se convierte en un producto de consumo. Es en ese ámbito donde nace la novela por entregas, también denominada folletín (del francés feuilleton, diminutivo de feuillet, "hoja", página de un libro). Estos relatos incluidos en los periódicos se caracterizaban por presentar un historia fragmentada donde la intriga y el suspense se mantenían hasta el final del capítulo, emplazando al lector a la próxima publicación para que desentrañara el misterio que encerraba el relato . Dotados de un lenguaje directo, ágil y que llegaba a la mayoría de la gente, gozaron de tal popularidad que muchos de ellos terminaron recopilándose en libros.  El auténtico maestro del folletín fue Eugenio Sue cuya obra “Los Misterios de París” se publicó por entregas en el periódico Le Courrier Française durante  1842 y 1843, constituyendo un éxito clamoroso. Otros autores franceses acudieron a este medio para difundir sus obras. Alejandro Dumas publicó “Los tres mosqueteros”  en la revista  Le Siècle entre marzo y julio de 1844. Gustave Flaubert publicó su “Madame Bovary” en La revue de Paris desde octubre de 1856.  Esta fiebre por publicar las novelas en periódicos, semanarios o revistas literarias de distinta periodicidad no se agota en el Romanticismo Francés, sino que se extiende a toda Europa. Así en Gran Bretaña Charles Dickens publica  “Los Documentos póstumos del Club Pickwick” en el periódico Evening Chronicle en marzo de 1836, utilizando esta forma de difusión de su obra a lo largo de su carrera literaria para la publicación, entre otras, de “Las Aventuras de Oliver Twist” y “David Copperfield”.  Robert Louis Stevenson publicó su novela histórica “La flecha negra” en forma de relatos por entregas en el periódico Young Folks, reunidas en un solo volumen en 1888. En Rusia Fiodor Dostoievski publicó en forma de  folletín “Crimen y Castigo“(1886)  y “Los hermanos Karamazov“ (1879-1880), ambos en el periódico El Heraldo Ruso.

  “Los Asesinatos de la Calle Morgue” es históricamente el primer relato policíaco o  detectivesco y nace de la mano de Edgar Allan Poe (1809-1849). Publicada en abril de 1841, en la revista literaria Graham´s Magazine de la que Poe era co-director su argumento es aparentemente sencillo: En un apartamento de una populosa calle de París se produce el bárbaro asesinato de dos mujeres, madre e hija. Las primeras investigaciones no dan resultado alguno, evidenciándose la impotencia de la policía para esclarecer los hechos. Finalmente se hace cargo del asunto un detective aficionado, Auguste Dupin (1) que tras una intensa y brillante investigación, ofrece una explicación extraordinaria. Aparece por primera vez la figura del detective o investigador que tan sólo dotado de su ingenio y sus dotes de observación consigue resolver los problemas que para la policía resultan irresolubles. Lo importante de la novela no es el argumento sino el tratamiento del crimen como un problema objeto de estudio, problema que ha de abordarse con métodos científicos y cuya resolución el lector va desgranando página a página, dejándose arrastrar por los razonamientos del personaje que, en ocasiones, llega a eclipsar la figura del narrador-autor.

 El nacimiento de este género literario está íntimamente relacionado con la eclosión de  “lo científico” y la consideración de la Ciencia como el método más seguro de explicar la realidad que rodea al hombre. La novela policíaca se encuentra íntimamente relacionada con el nacimiento del método científico, pues la figura del detective  es un trasunto del científico que analiza los hechos, elabora teorías y finalmente verifica esas teorías con la realidad logrando siempre explicar el problema y resolver el enigma, alcanzando en definitiva la verdad. 

La primera novela policíaca se ha atribuido históricamente a Emile Gaboriau (1833-1873) quien en su obra “El Proceso Lerouge” (1863)presenta el personaje de Monsieur Lecoq,un investigador caracterizado por su constante uso del método científico (2) . Fiel a su tiempo Emilie Gaboriou publicó esta novela por entregas en el periódico “ Le Pays”.

 Monsieur Lecoq, es un detective que trabaja para la policía francesa, la Sûreté. Al igual que en el personaje de Auguste Dupin, del que tuvo noticia Gaboriau por la traducción al francés de las obras de Poe realizada por Baudelaire, lo que destaca en Monsieur Lecoq es su capacidad analítica y sus dotes de observación, dotando Gaboriau a su personaje de una gran capacidad camaleónica para disfrazarse y excelentes dotes para la lucha. De esta manera la figura del detective observador, analítico pero un tanto inactivo se transmuta en la del hombre de acción, que del plano teórico y  reflexivo avanza hacia la lucha diaria contra la criminalidad, fundamentando la resolución de los casos en métodos científicos. Lecoq resuelve los casos basándose en las pistas que encuentra y en los indicios materiales, como ocurre en El dossier nº 113, donde demuestra su peculiar ingenio y sus dotes deductivas en la recuperación de unos  valiosos documentos.

 Sin embargo, Lecoq no es fruto sólo de la imaginación de Gaboriau, sino que está basado en un personaje real: el famoso comisario Eugène François Vidoq, (1775-1857), que había sido ladrón antes de convertirse en el primer jefe oficial de la Sûreté, ("Seguridad" en francés), el actual cuerpo de policía con sede en París y que algunos han considerado como el precursor del FBI norteamericano.

 En un  interesante artículo de Pablo Cazau titulado “Los indignos orígenes de la novela policial francesa”, el autor nos ilustra sobre la vida de este personaje destacando que “llegó a montar toda una red de confidentes e introdujo dentro de la brigada de seguridad a ex-presidiarios que sabían moverse bien en el ambiente de la delincuencia. En pleno ejercicio de sus funciones como jefe de la Sureté, funda en 1825 la primera agencia de detectives privados y años más tarde publica varios libros, como sus muy ilustrativas "Memorias” (1828), "Los ladrones" (1836) y "Los verdaderos misterios de París" (1844). Como policía, Vidocq privilegiará la acción más que la deducción, y gustará disfrazarse y mezclarse con el hampa para descubrir los diversos ilícitos, cualidades todas ellas que, además de su condición de delincuente redimido, servirán de modelo para el personaje arquetípico del género policial francés.” (3)

 Tanto el detective Dupin como el policía Lecoq constituyeron dos importantes fuentes de inspiración para que Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930) crease al detective más famoso de la historia de este género literario Sherlock Holmes. Es este uno de los casos en que el personaje trasciende al autor. Sherlock Holmes es el paradigma del detective dedicado única y exclusivamente a su arte, el arte del estudio, la observación y la resolución de problemas criminales, pequeños rompecabezas que mantienen al lector pendiente de las aventuras del detective y de su acompañante el Dr. Watson. La primera obra en que apareció nuestro famoso detective y su compañero el Dr. Watson es  en “Estudio en Escarlata“  que vio la luz en 1887 en un modesto almanaque navideño después de haber sido rechazado en varias ocasiones por diversos editores. A esta novela siguió en 1889 “El signo de los cuatro”. A partir de ese momento se publicaron en la revista mensual The Strand Magazine, en forma de novelas cortas, siguiendo la tradición de la novela folletinesca francesa. Así lo manifiesta el propio Conan Doyle en el prefacio a su obra “El archivo de Sherlock Holmes”: “El año 1891 fue cuando apareció en The Strand Magazine  la primera de una larga serie de novelas cortas: Un escándalo en Bohemia. Los lectores gustaron de ellas y pidieron más: por eso se han ido publicando desde aquella fecha en serie discontinua que en la actualidad abarca no menos de cincuenta y seis novelas, reeditadas en las Aventuras, las Memorias, La reaparición y su Último saludo en el escenario.“

 La popularidad que alcanzó Sherlock Holmes y su inseparable compañero el Doctor Watson fue tal que el éxito editorial estaba asegurado de antemano y el éxito que alcanzó el personaje impedía que su autor se dedicara a escribir cosas más serias, según sus propias palabras. Es por ello por lo que en las “Memorias de Sherlock Holmes” (1892) publicadas íntegramente en The Strand Magazine el autor decide dar muerte a su personaje cuando, “En el problema final”, luchando con su eterno enemigo el profesor Moriarty se despeña junto a éste por un precipicio que flanquea las cataratas Suizas de Reichenbach. En ese momento una avalancha de correspondencia de los ofendidos y airados lectores abruma al escritor, el asunto llega a su punto culminante cuando la propia madre de Conan Doyle le envía una misiva donde le reprendió severamente. “Te guardarás mucho- le escribió- de causar el menor daño a una persona tan simpática y agradable como el señor Holmes.”  Para complacer a su madre y a sus lectores en 1897 publica “El perro de los Baskerville” que refiere una aventura anterior a la desaparición del añorado detective. Pero no será hasta 1903 con su obra “La reaparición de Sherlock Holmes” donde nuestro detective reaparece milagrosamente después de una ausencia de diez años y en plena forma para resolver misterios y enigmas.

 La figura de Sherlock Holmes ha sido objeto de infinidad de estudios y sus aventuras han pasado del cine a la televisión en forma de series e incluso de dibujos animados. Sherlock Holmes heredero del Dupin de Poe y del Lecoq de Gaboriau supera a estos en popularidad porque en él se resumen las dotes deductivas y lógicas de Dupin y las aptitudes prácticas de Lecoq. No olvidemos que Sherlock Holmes además de estar dotado de una gran inteligencia deductiva, es un maestro del disfraz, experto apicultor, excelente boxeador y tiene un gran conocimiento científico, en especial en química. Sherlock Holmes encarna la figura del detective independiente al que la policía acude cuando, por sus propios medios, no consigue la resolución del crimen. La novedad con respecto a sus predecesores es la existencia de un personaje que le sirve de contrapunto (figura que se atisbaba tímidamente en el amigo que acompaña al Dupin de Poe), en palabras de Sherlock Holmes “el bueno y querido Watson” que su convierte en su biógrafo. El recurso del amigo-biógrafo le permite a Conan Doyle presentar las aventuras de Sherlock Holmes desde el punto de vista del espectador en la escena del crimen, es decir a través de los ojos de Watson percibimos como lectores la escena del crimen y nos adentramos en los procesos lógicos de la investigación criminal. Eso provoca que la figura del narrador-omnipresente quede un tanto difuminada, pues de la mano del Dr. Watson nos adentramos en la historia y participamos en la resolución del problema, planteando como lectores nuestras propias hipótesis de resolución del crimen y comprobando, en la mayoría de los casos, que las mismas no se corresponden con las elegidas por Holmes, quien al final siempre nos sorprende con la resolución del caso. Sin embargo lo importante no es solucionar el enigma sino el aspecto lúdico de la lectura, es decir lo que tiene de divertido. Lo importante no es alcanzar la verdad sino recorrer el camino que lleva a la misma y en ese camino “jugando” aprendemos sobre las propiedades del arsénico, lo que es la tinta invisible, lo que son los mensajes cifrados en un texto, qué es la hipnosis y otras muchas cosas que interesaban al lector decimonónico y que, después de tantos años, siguen interesando al lector actual.

 Continuador de esta tradición de la novela policíaca es Gastón Leroux más conocido en los ámbitos literarios por la publicación del “Fantasma de la ópera”, que por sus incursiones en el género policial. Sin embargo es el creador de un personaje fascinante Joseph Rouletabille periodista y detective aficionado que aparece por primera vez  en la novela “El misterio del Cuarto Amarillo” (1907), a la que seguirán “El perfume de la Dama de Negro” (1908), “Rouletabille en Rusia” (1902), “El Castillo Negro” (1916) y “Las Extrañas Bodas" (1916). Este joven periodista inaugura una serie de novelas en donde Leroux consigue aunar la investigación criminal con la novela de aventuras, manteniéndose la expectación del lector a lo largo de toda la obra. Siguiendo la tradición de este tipo de literatura,  todas estas novelas aparecen publicadas en el suplemento literario de L ´Illustration.

El propio Gaston Leroux en una carta manuscrita titulada “A mis amigos del otro lado del canal” (4), en una clara referencia a los autores ingleses nos desvela las fuentes anglosajonas de su personaje, definiéndole de esta guisa:  “Mi Rouletabille, ese joven periodista de dieciocho años que resuelve los problemas criminales más arduos y pasea el lado bueno de su razón por las más oscuras encuestas, es una réplica evidente de Sherlock Holmes que, a su vez, tuvo su origen en Poe. Cuando el diario L ´Illustration me pidió que escribiese mi primera novela: El misterio del Cuarto Amarillo, me propuse hacer desde el punto de vista del misterio, algo mejor que lo de Conan Doyle y más completo que lo de Poe. Acepté plantearme el mismo problemas: un asesinato cometido en una habitación herméticamente cerrada; abren el cuarto y allí están todas las señales del asesino, pero éste ha desaparecido.”

 


 

Notas

1 “En The Murders of the Rue Morgue, en The Purloined Letter y en The Miystery of the Rue Morgue, Edgar Allan Poe crea la convención de un hombre pensativo y sedentario que, por medio de razonamientos, resuelve crímenes enigmáticos, y de un amigo menos inteligente que refiere la historia. Esos dos personajes, meras abstracciones en los textos de Poe, se convertirán con el tiempo en Sherlock Holmes y en Watson, que todos conocemos y queremos”. Los mejores Cuentos Policiales.Selección de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges. Alianza Editorial 1998. Prólogo.

2 “Emilio Gaboriau novelista francés, fue nada menos que el creador del único tipo de literatura que, con el tiempo habría de atraer a toda clase de lectores; tanto cultos como populares. Nos referimos al género detectivesco, que él inauguró precisamente con “El Proceso Lerouge” donde  Monsieur Lecoq, el policía de penetrante inteligencia que desconcierta a sus colaboradores, hace sus primeras armas en lo que va a ser su brillantísima carrera.” El Proceso Lerouge. Aut. Emilio Gaboriau. Editorial Sopena. 1959. Prólogo.

3 “Los indignos orígenes de la novela policial francesa”. Pablo Cazau. Publicado en la web monografías.com

4 Carta publicada en el apéndice a la obra “El misterio del cuarto amarillo”. Edit. Abraxas.

 

 * El presente artículo consta de tres partes que serán publicadas en los siguientes números de Docta Ignorancia Digital.

 Mario Navas Ruiz.  Abogado